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La Historia de Dios y Tu Identidad

¿Sabes quién está formando la identidad de tus hijos? El asunto no es si tus hijos están siendo formados, sino por quien están siendo formados. Por si no lo sabias, tus hijos están siendo formados por la historia de Dios o por alguna historia alternativa.

Si tus hijos están siendo formados por la historia de Dios, excelente. Pero, como es el caso de muchas familias, lo más probable es que tus hijos están siendo formados por varios factores e influencias. ¿Puedes distinguir la diferencia? Empieza contigo mismo: ¿está tu identidad siendo formada por la historia de Dios? Si la respuesta es no, entonces tenlo por seguro que la identidad de tus hijos está en peligro de ser robada y re-emplazada por una identidad falsa basada en cosas—como el moralismo, la felicidad, el éxito, el materialismo—que pretenden ser la solución a tus problemas, pero solamente te dejan vacío y lejos de Dios y Su historia de redención.

Dios está obrando en el mundo y Él quiere que tú y tu familia sean partícipes en Su misión al predicar el evangelio en palabra y en hecho (Rom. 10:15; Col. 3:17), y hacer discípulos de todas las naciones (Mat. 28:18-20). La identidad de tú y tu familia necesita estar arraigada y cimentada en quien es Dios y lo que Él ha hecho para perdonar, reconciliar, y transformar a pecadores por gracia mediante la fe en Cristo Jesús (Rom. 3:21-26).

Hagámonos un chequeo de identidad hoy y aprendamos más sobre la historia de Dios y nuestro papel en el gran drama de la redención.


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¿Que es el Evangelio?

1 Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2 que Él ya había prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, 4 y que fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo, 5 por medio de quien hemos recibido la gracia y el apostolado para promover la obediencia a la fe entre todos los gentiles, por amor a su nombre; 6 entre los cuales estáis también vosotros, llamados de Jesucristo; 7 a todos los amados de Dios que están en Roma, llamados a ser santos: Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (Romanos 1:1-7; LBLA; énfasis es mío).

La palabra “evangelio” simplemente significa buenas nuevas, o en un lenguaje actual, buenas noticias. ¿Pero buenas noticias sobre que o quién? Cuando se trata de la Biblia y el corazón del cristianismo, estamos hablando de las buenas noticias del Dios Trino. ¿Pero cuál es el contenido de este evangelio?

Puesto en forma simple: el evangelio del Dios Trino, en esencia, tiene que ver con la gloria de Dios (la suma total de Sus atributos) y Su plan de redención, cuyo centro es la persona y obra de Jesús (encarnación, vida, ministerio, muerte, resurrección, ascensión, y futuro retorno).

Estamos bien hasta aquí, ¿verdad? Ahora tengo un problema con la presentación del evangelio que escucho a menudo—especialmente en algunos círculos latinoamericanos—porque el evangelio que se cree y se predica es muy pobre, limitado, y reducido de toda su gloria. El tipo de evangelio que escucho a veces no hace justicia a toda la historia de Dios.

El evangelio es mucho más que un boleto gratis para escapar el infierno e ir al cielo. El evangelio es más que la salvación de nuestras almas. ¡La verdad es que el evangelio bíblico es grande, mucho más grande!

Para entender la grandeza del evangelio del Dios Trino, necesitamos entenderlo en su contexto más grande de la Biblia. Lo siguiente es un esfuerzo a definir el evangelio a la luz de la totalidad de la enseñanza bíblica:

Como un acto de gracia y en respuesta al pecado y la consecuente maldición sobre la creación entera,[1] el Dios Trino demuestra su fidelidad de pacto a las promesas antiguas hechas a los patriarcas[2] al enviar a Su eterno y divino Hijo[3] para ser humano (descendiente de Abraham y David según la carne) y vivir una vida perfecta de acuerdo a la ley de Dios,[4] morir en una cruz como sacrificio para el perdón de pecados,[5] y resucitar de entre los muertos para la justificación[6] y salvación del pueblo multiétnico de Dios,[7] a través de la gracia y por medio de la fe en Cristo.[8]

A través de la persona y obra de Jesús y la obra y poder del Espíritu, Dios ha establecido un nuevo y eterno pacto[9] y ha empezado una nueva humanidad cuya misión es testificar y proclamar este evangelio en palabra y en hecho,[10] reflejar la imagen del Dios Trino,[11] amar a Dios y a la gente,[12] hacer discípulos,[13] y capacitar a los santos para la obra de ministerio,[14] entre otras cosas.

La misión de la iglesia multiétnica continuará hasta el retorno de Jesús—nuestro Pastor, Rey, y Sacerdote[15]—quien llevará el plan redentor de Dios a su destino final, culminando todas las promesas de Dios y Su reino en la restauración completa de la creación,[16] en la cual el transformado pueblo multiétnico de Dios reinará juntamente con Su creador por toda la eternidad,[17] como cumplimiento del llamado original dado por Dios a los portadores (hombres y mujeres) de Su imagen.

Este es un evangelio integral—un evangelio que lo abarca todo. Este es el evangelio que necesitamos abrazar, predicar, y modelar para que todos vean su grandeza.

Que nuestras vidas y ministerios se basen en—y sean conocidos por—nuestro amor, obediencia, y fidelidad al evangelio de Dios, la única esperanza para nuestro mundo.

¿Qué agregaría usted a este breve resumen? Escriba su comentario y/o pregunta abajo. Agradezco su tiempo e interacción.

Foto: © 2017 Juan 1:16


 

[1] Génesis 3; Rom. 3:9-16; 5:12; Efe. 2:1-3.

[2] Pacto Abrahamico: La promesa de proveer bendición a las familias de la tierra por medio de Abraham (Gen. 12:1-3) y su descendencia (Gal. 3:15-20). Pacto Davídico: la promesa de un reino eterno para David (2 Sam. 7:1-17; Salmo 89:3-4, 19-37). Con la revelación progresiva, nos damos cuenta que la primera promesa se junta con la segunda para llevar acabo la bendición de las familias de la tierra por medio del rey davídico ideal (Salmo 72:17), lo cual se cumple en su plenitud en la persona y obra de Jesús—el nuevo, mejor, y eterno Rey David.

[3] Juan 1:1-3; Fil. 2:6; Col. 1:15-20; Heb. 1:3; Apoc. 5:13b.

[4] Gal. 4:4-5.

[5] Juan 1:29.

[6] Rom. 4:25-5:1.

[7] Efesios 3:1-13; Apoc. 5:9; 14:6.

[8] Rom. 3:24; Efe. 2:8.

[9] Jer. 31:31-34; 2 Cor. 3:4-11; Heb. 8:6-13; 9:11-22.

[10] Hechos 1:8.

[11] Gen. 1:26-28; Salmo 8; Heb. 2:5-8; Col. 3:1-17.

[12] Mat. 22:34-40.

[13] Mat. 28:18-20.

[14] Ef. 4:11-13.

[15] Pastor: Salmo 23; Eze. 34:11-31; Mat. 26:31; Juan 10:11, 14: Rey: Salmo 2; Isa. 11:1-10; Heb. 1:5-14; Sacerdote: Salmo 110; Heb. 1:3b; 8:1; 12:34; 1 Tim. 2:5.

[16] Rom. 8:18-25; Apoc. 21-22.

[17] Apoc. 5:10; 22:5.