Una Reflexión Sobre el Trabajo, el Latino, y el Evangelio

Introducción

Todavía me recuerdo muy bien la ocasión hace años atrás cuando estaba trabajando un turno nocturno en la radio y se me acerco un amigo no creyente—cuyo nombre no me recuerdo, pero que limpiaba las oficinas de la radio durante las noches—que me dijo que él trabajaba porque tenía que hacerlo.

Al preguntarle la razón detrás de esta declaración, mi amigo respondió que trabaja porque el trabajo era el resultado del pecado, aludiendo a la caída de Adán y Eva. En otras palabras, el trabajo no era un don de Dios para mi amigo, sino una inconveniencia.

Este era el punto de vista de un amigo no creyente, pero me pregunto: “¿Habrá creyentes que piensan de esta manera? ¿Habrá creyentes que piensan que el trabajo es una consecuencia del pecado o que el trabajo es algo ‘secular’ de menor valor e importancia?”

La triste realidad es que si hay creyentes que piensan así. Si digo algo diferente, estuviera mintiendo. Hay creyentes que piensan equivocadamente que 1) el trabajo fue resultado del pecado, y/o que 2) el trabajo es de menor valor e importancia porque es algo “secular” y no algo “sagrado.” Analicemos estos errores a la luz de algunas verdades y sus implicaciones.

El Trabajo Como un Don de Dios

Dios, en su gracia, dio al ser humano el don del trabajo, y esto sucedió antes de la caída del hombre (vea Gen. 2:5-17). El simple hecho de que el trabajo fue dado por Dios implica que es algo sagrado y digno. Después de la caída del hombre, el trabajo continuo, pero fue negativamente impactado. Debido al pecado, el trabajo se convirtió en algo difícil y desafiante (vea Gen. 3:17-19), lo cual es evidente hasta el día de hoy. Pero esto no cambia el hecho de que el trabajo es y será un don de Dios para la humanidad.

Secular v. Sagrado

Como muchos Latinos, yo crecí con la dicotomía (división/separación/divorcio) entre lo sagrado y lo secular. Pensaba que la vida se dividía en dos partes principales: 1) lo sagrado, lo cual incluye actividades religiosas como asistir a la iglesia, estudios bíblicos, leer la Biblia, oración, etc.; y 2) lo secular, lo cual incluye actividades como trabajar afuera de la iglesia, jugar, negocios, educación, etc. También pensaba que la primera esfera (lo sagrado) era más importante que la segunda (lo secular).

No sé exactamente cuándo esta dicotomía penetro el mundo hispanohablante, pero la verdad es que la mayoría de creyentes latinos—con algunas excepciones—viven a la luz de esta división entre lo secular y lo sagrado. Y no los culpo porque es lo que les han enseñado.

Para mí, no fue hasta que el Señor empezó a reformar mis creencias a la luz de la Palabra que me di cuenta que esta dicotomía no era bíblica. Además, esta dicotomía no nos ayuda al pensar sobre, y entender mejor la, relación entre nuestra fe cristiana y el trabajo.

“La dicotomía de lo sagrado/secular” dice Nancy Pearcey, “restringe el cristianismo al ámbito de la verdad religiosa y crea doble mentalidad y vidas fragmentadas.”[1]

Según un estudio hecho por la compañía de investigación, Barna Group, los hispanos, “encuentran significado y orgullo en su trabajo, casi tres cuartos de Latinos (72%) ven su trabajo y su fe como dos distintos aspectos separados de sus vidas” (mi traducción).[2]

Vidas fragmentadas no ayudan a avanzar el evangelio donde hay una gran necesidad—en el ambiente del trabajo. Necesitamos recordar que todo le pertenece a Dios. Toda la vida es para Él. Y para el creyente, esto implica que el trabajo—sea jardinería o construcción o mecánica—es para esparcir la fama de Jesús, bendecir a otros, etc.

El Latino y El Trabajo

Sobre el tema de la disposición de Latinos a trabajar arduamente para un mejor mañana, profesor del Seminario Fuller, Juan F. Martínez, dice lo siguiente:

La mayoría de latinos trabaja arduamente con la esperanza de poder mejorar su situación económica y de poder ayudar a su familia aquí y en sus países de origen, si son inmigrantes. Sueñan con un futuro mejor y hacen grandes sacrificios para lograr que ese sueño sea una realidad. Aun los sacrificios económicos y peligros físicos que confronta el indocumentado que llega a este país son un reflejo de la disposición a hacer todo lo posible por mejorar su situación, no importa lo difícil que sea.[3]

Esta disposición a hacer todo lo posible por mejorar su situación es evidente en mi padre. El, al igual que otros, ha experimentado discriminación por parte de otros latinos, pero a pesar de esto y otros desafíos, se ha mantenido firme y constante debido a su compromiso a Dios y a su familia. Con toda disposición y perseverancia, mi padre trabaja orgullosamente como para Dios y no para el hombre.

Además de proveer para una gran familia en varias maneras, mi padre también ha podido contribuir financieramente a mis estudios académicos, por lo cual estoy eternamente agradecido. Y, como se lo comunique a el hace poco, el trabajo de mi padre es una bendición para muchas personas. Su fuerte ética de trabajo ha contribuido al éxito de su compañía, y ha provisto alimento a miles de clientes a través de los años.

Barna Group comenta que los “Hispanos están orgullosos de sus trabajos y una gran mayoría encuentran significado y cumplimiento en ellos (85%). Una fuerte mayoría—más de dos tercios (69%)—están de acuerdo que sus trabajos hacen el mundo un lugar mejor” (mi traducción).[4]

A mi padre le encanta trabajar y esta orgulloso de lo que ha hecho por mas de quince años. A veces hasta nos sorprende escuchar que siempre prefiere trabajar que descansar y tomar vacaciones. Mi padre es solo un ejemplo de la siguiente verdad: el latino, generalmente, es un gran trabajador.

Nuestra Iglesia

Es increíble ver como la iglesia esta dispersada a lo largo de la semana. En nuestra iglesia, tenemos a personas en varias esferas de influencia en el ambiente del trabajo: transporte público, supervisión e instrucción en escuelas, jardinería, limpieza de casas y oficinas, enfermería, asistencia dental, fabricas, ventas de casas, etc.

Esta semana me reuní con un líder de nuestra iglesia—que trabaja como conductor de buses—y le recordé de lo digno y honorable que es su profesión. Piénselo: el ser conductor de buses no solo es un trabajo para proveer para la familia, sino que también es un medio que contribuye a la disponibilidad de transporte para bastantes personas, como trabajadores, estudiantes, y personas sin hogar, entre otros. ¿No es esto una bendición? ¡Por supuesto que sí!

La mayor parte de nuestro tiempo se pasa en el trabajo, ¿es esto un accidente? ¿Es el trabajo consecuencia del pecado? O, ¿es el trabajo un buen don dado por Dios, corrompido por el pecado, pero que todavía tiene valor y propósito, especialmente en Cristo?

El Trabajo Como Ministerio

En nuestra iglesia tenemos a un adulto joven que actualmente estudia en la universidad, cuyo interés es trabajar como policía o en el FBI o algún otro sector relacionado. En vez de decirle que cambie de planes y que sirva a Dios en la iglesia, queremos animarlo para que siga su jornada. Le estamos animando que vea su futuro trabajo como ministerio—un don dado por Dios para proveer para sí mismo y su futura familia; un medio por el cual el podrá servir y bendecir a otros en nuestra sociedad. En Cristo, el trabajo ya no es algo “secular” y de menos importancia, sino que es un increíble ministerio para con los demás.

El Evangelio

El evangelio re-define nuestras vidas de tal manera que ahora giran en torno a la causa de Cristo. Como creyentes, hemos sido llamados a ser buen mayordomos de nuestros trabajos para Cristo, nuestro amo.

Esto implica que el trabajo es un don de Dios para que yo lo use y ministre eficazmente para la gloria de Dios, y no para mis propios intereses egoístas. En vez de permitir que el trabajo se convierta en un ídolo o en un fin en sí mismo, usemos el trabajo no solo para proveer para nuestras necesidades y gustos, sino también para mostrar los valores del reino y así traer transformación a nuestro alrededor, sea personas, programas, sistemas, etc.

Otra implicación es que en vez de permitir que el trabajo nos consuma, tenemos que ser prudentes y establecer buenos ritmos que reflejan el patrón bíblico de trabajo y reposo. Y, al pasar retos y desafíos, no peleemos nuestras batallas en el trabajo solos, sino acudamos a otros—especialmente, pero no limitado a—creyentes dentro y fuera del trabajo.

Si hay oportunidades de entrenamiento practico, aprovechémoslas. Aprendamos y desarrollemos nuestras habilidades para trabajar con excelencia a Dios y a nuestros jefes terrenales. Pero aprendamos a aplicar la sabiduría bíblica al trabajo porque el trabajo está aquí para quedarse. Contestando la pregunta si habrá trabajo en la nueva creación, Randy Alcorn dice lo siguiente:

Para mucha gente la idea de trabajar en el Cielo es extraña. Y sin embargo las Escrituras la enseñan con toda claridad… El trabajo fue parte del Edén original. Fue parte de una vida humana perfecta en la Tierra. El trabajo no fue parte de la maldición. En realidad fue la maldición la que hizo que el trabajo fuera arduo, tedioso y frustrante… Sin embargo, en la Nueva Tierra el trabajo será redimido y transformado en lo que Dios quiso que fuera.[5]

Randy continua y comenta que,

Debido a que el trabajo comenzó antes del pecado y la maldición, y debido a que Dios, quien es sin pecado, es trabajador, deberíamos asumir que podremos reanudar el trabajo comenzado por Adán y Eva, ejercitando dominio piadoso sobre la Tierra, gobernadora para la gloria de Dios. Pero no es necesario que solo lo asumamos. Cuando el siervo fiel entra al Cielo, no se le ofrece una jubilación, sino esto: “Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mat. 25:23, LBLA; énfasis agregado).[6]

Conclusión

El trabajo fue un regalo dado por Dios al hombre antes de la caída. El trabajo fue corrompido por el pecado de tal manera que ahora es arduo y difícil. Las buenas noticias de Dios a través de Cristo es que el trabajo—aun en su presente condición—toma un nuevo sentido y significado. Por lo tanto, el trabajo viene ser un ministerio—un medio por el cual Dios puede avanzar Su obra redentora a través de personas y sus trabajos ordinarios este lado de la eternidad.

Demos gracias a Dios por nuestros trabajos. Pidamos su gracia, sabiduría, y valentía para ser y hacer todo lo que hemos sido llamados a ser y hacer. Que nuestros trabajos sean grandemente bendecidos por la presencia de Dios a través de nosotros.

Preguntas de Reflexión:

  • ¿Estoy siendo un buen mayordomo del don de trabajo que Dios me ha dado?
  • ¿En qué manera puede mi trabajo ser un ministerio a otros?
  • ¿Qué oportunidades tengo en el trabajo para ser un agente de cambio y transformación?
  • ¿Qué retos y desafíos estoy pasando que puedo compartir con otros creyentes para que me ayuden en oración?
  • ¿Cómo puedo yo sabiamente modelar los valores del reino en mi trabajo, no para causar estorbo, sino para traer bendición a otros?

Foto: © 2017 Juan 1:16


Obras Citadas:

[1] Nancy Pearcey, Verdad Total: Libera el Cristianismo de su Cautiverio Cultural (Editorial Jucum: Tyler, TX, 2014), 24.(Puede adquirir este libro aquí: http://a.co/bo3cjyV)

[2] Hispanic America: Faith, Values, and Priorities (Barna Group: Ventura, CA, 2012), 35. (Puede adquirir este libro en español aquí: https://barna-resources.myshopify.com/products/hispanos-americanos-pdf)

[3] Juan F. Martínez, Caminando Entre el Pueblo: Ministerio Latino en los Estados Unidos (Abingdon Press: Nashville, TN, 2008), 65. (Puede adquirir este libro aquí: http://a.co/fmRHo42)

[4] Hispanic America, 35.

[5] Randy Alcorn, El Cielo (Tyndale House Publishers: Carol Stream, IL, 2006), 226-227. (Puede adquirir este libro aquí: http://a.co/8JhlUag)

[6] Alcorn, El Cielo, 227.

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