Una Reflexión Sobre la Familia, el Latino, y el Evangelio

La Familia Como un Don de Dios

Dios creo a los primeros dos seres humanos—Adán y Eva—y los unió en matrimonio (vea Gen. 2:18-24). Adán y Eva tuvieron hijos, y estos hijos tuvieron hijos y así la tierra eventualmente fue poblada por un innumerable número de familias.

La verdad es que Dios creo a la familia. La familia no fue un accidente. La familia fue creada por Dios para reflejar la belleza, el gozo, y la bondad de la vida, los cuales encuentran su origen en el Creador mismo. Desafortunadamente, después de la rebelión del hombre, el pecado entro a la creación, afectando e infectado todo lo creo, incluyendo la familia. Desde entonces la familia nunca ha sido igual.

La familia a veces es lugar de pleitos, contiendas, peleas, y quejas. La familia sufre de relaciones rotas, caracterizadas por dolor, heridas emocionales, ausencia paternal, falta de perdón, falta de amor, y traición, entre muchos otros.

El Latino y Su Alto Concepto de La Familia

Cuando se trata del latino y la familia, las generalizaciones abundan. Algo que si es cierto es que el latino tiene un alto concepto de—y en varias situaciones, un alto compromiso a—la familia. De acuerdo a un estudio hecho por Barna Group, una compañía de investigación, los hispanos: “ponen un alto valor sobre la familia, nombrándola como la contribución más significante que Latinos hacen a la sociedad americana hoy, por delante de la ética de trabajo y herencia cultural” (mi traducción).[1]

Sobre el tema de la familia y comunidad, el profesor del Seminario Fuller, Juan F. Martínez, en su libro Caminando Entre el Pueblo, comenta lo siguiente: “La familia cobra más importancia porque define parte de una identidad más colectiva dentro de la comunidad.”[2]

La importancia que juega la familia ha llevado a millones de latinos a hacer uno de los más riesgosos viajes—ir al norte, a los Estados Unidos—sabiendo muy bien las posibles consecuencias, entre las cuales la muerte misma es una posibilidad.

Muchos han viajado a los Estados Unidos para trabajar y proveer un futuro mejor para sus familias, sean que estén en sus países de origen o sea que también hayan venido con ellos al “país de las oportunidades,” como algunos suelen decir.

El latino definitivamente tiene un alto concepto de la familia, la cual muestra varias características hermosas como: hermandad, solidaridad, hospitalidad, compañerismo, y compromiso, entre otras.

“Por supuesto, se necesita evitar el peligro de idealizar a la familia latina” comenta Martínez. “El machismo y la violencia familiar son realidades penosas en la familia latina y la iglesia necesita confrontar estos males de la realidad latina. No podemos seguir tapando estos problemas en nombre del ‘bienestar’ familiar.”[3]

La familia latina—y aun hasta la familia latina evangélica—está lejos de ser perfecta. Al igual que otras familias, la familia latina tiene sus males, como Martínez señala. Pero hay esperanza, no solo porque el latino tiene un alto concepto de la familia, sino porque en el evangelio de Jesús cambia vidas.

El Evangelio

La familia latina es un regalo de Dios, pero ha sido dañada por el pecado. La familia, por muy buena que sea, no es lo que debería de ser porque está compuesta por pecadores, desde el más pequeño hasta el más grande. Las buenas noticias es que Dios, en Cristo, ha provisto un remedio al problema del pecado y, por consiguiente, un remedio a la disfunción y el caos familiar que a menudo vemos en nuestros hogares latinos.

Al explicar la metáfora, “rostro hispano de Jesús,” el evangelista y autor Raúl Zaldívar comenta: “El rostro hispano de Jesús significa que Dios ama a aquellas personas de origen hispano o sudamericano, significa que Cristo dio su vida por nosotros, y este hecho debe hacer mirarnos al espejo sin temor y decir: ‘He aquí la imagen de Dios’. El rostro hispano de Jesús es una metáfora que significa que Dios se identifica con nosotros plenamente.”[4]

Zaldívar nos recuerda que Dios ama al latino (al igual que otras etnias). Y el latino ha sido creado a—y tiene la capacidad de seguir portando la—imagen de Dios. Esta no es una simple opinión, sino una verdad absoluta que debería de formar parte de nuestra cosmovisión; una verdad que debería formar parte de nuestro entendimiento sobre la narrativa e implicaciones del evangelio.

Cuando se trata de la familia latina, el evangelio necesita penetrar los corazones, si en verdad queremos ver resultados positivos. En el evangelio, cada individuo de la familia puede obtener, primero, paz con Dios; y segundo, paz con los demás miembros.

La enemistad entre el pecador y Dios es abolida/anulada por el sacrificio sustitutorio de Cristo a favor de pecadores. La enemistad entre miembros pecadores de la familia es, similarmente, abolida por la persona y obra de Jesús, la cual es aplicada al pecador por medio del Espíritu Santo. El pecador redimido es capacitado—por medio del Espíritu y la Palabra—a perdonar y amar y aplicar otros principios bíblicos, lo cual nos da tanto a nosotros como a otros otra oportunidad de empezar de nuevo y procurar hacer las cosas bien.

Y este es solo el comienzo. Transformación es posible en Jesús. ¿Qué tipo de transformación? Una transformación que renueva mentes y toca corazones, facilitando la restauración de relaciones rotas y dañadas, para la gloria de Dios y el bien estar de otros.

El evangelio es la única solución verdadera y duradera que la pecaminosa familia latina (aun hasta la cristiana) urgentemente necesita. Cualquier otro remedio, aunque produzca ciertos resultados en lo exterior por algún periodo de tiempo, será incapaz de producir un cambio interno en el corazón que en verdad marque la diferencia.

Viendo a la Familia Como Nuestro Ministerio

Mi colega en el ministerio acaba de tomar dos semanas de vacaciones para estar con su familia. No sé si trabajo en su negocio o no durante estas semanas, pero lo que sé es que tomo dos domingos de descanso de no asistir al servicio de adoración. Para algunos, el hecho de que uno de los lideres pastorales claves estaría ausente dos domingos consecutivos es extraño.

Al pensarlo, el hecho de que mi colega haya tomado tiempo específico para estar con su familia es inteligente y, a largo plazo, mas beneficiario para todos, empezando con su familia. Un líder con una buena relación con su familia podrá servir y liderar mejor.

Lamentablemente, a la luz de la dicotomía entre lo sagrado y lo secular, la iglesia hispana ha vivido la trágica consecuencia de tal división no saludable entre el ministerio y la familia. Lo que a veces sucede es que muchos tienen que escoger entre servir a Dios o servir a la familia como si las dos cosas fueran separadas.

Hace poco tuve una conversación con un adulto joven quien estaba tratando entender la relación entre familia y el ministerio. Le recordé a este adulto joven que el primer ministerio es la familia, y que servir en la iglesia a expensa de nuestra familia no solo es pecado, sino también dañino para la familia.

Necesitamos una perspectiva bíblica que combate falsa dicotomía entre lo sagrado y lo secular; una perspectiva bíblica integral que nos enseña que toda la vida es para Dios. Una implicación seria que hacer ministerio es servir a nuestra familia tanto biológica como espiritual, pero que la primera tiene prioridad sobre la segunda en esta vida.

La familia latina, tanto creyente como no–creyente, en este país ha sufrido. Debido a necesidades económicas, ambos padres a menudo trabajan para sobrellevar los gastos de la familia, pero a expensa de su relación con sus hijos. Los gastos y las deudas se pagan, pero los hijos crecen sin desarrollar relación, amistad, y confianza con sus padres, que, a largo plazo, resulta en peores consecuencias.

En Cristo, la familia y el ministerio tienen nuevo significado. El evangelio debe tanto corregir la dicotomía entre lo sagrado/secular como plantear una visión de la familia como nuestro primer y más importante ministerio. Así que no tenemos que escoger entre la familia y el ministerio, podemos hacer ambos para la gloria de Dios y el gozo de los demás.

Intencionalidad en Desarrollar Relaciones

Desarrollar relaciones es sumamente importante. Se debe hacer lo posible para invertir nuestro tiempo, energía, y recursos para cultivar estas relaciones en la familia. Esto requiere tomar decisiones sabias para no descuidar a la familia.

La familia es llamada a discipular a sus hijos. Este no es deber de la iglesia solamente. La iglesia debería de capacitar a padres y apoyarlos en la tarea de discipulado, sin reemplazarlos. Pero los padres latinos pasan ocupados y no tienen tiempo para la familia, ni mucho menos para el discipulado intencional de los hijos.

La provisión económica no lo es todo. El trabajo no lo es todo. El sueño americano no es el plan divino para nuestras vidas. En el evangelio, los padres son llamados a ser fieles y constantes en trabajar y proveer, y facilitar el desarrollo relacional entre miembros de la familia.

Escribiendo principalmente a pastores, pero cuya recomendación practica aplica a todos creyentes, Pastor José Mercado habla acerca de la importancia de ser intencionales:

Si no somos intencionales en darle prioridad a nuestras familias, no le vamos a dar la prioridad que se merecen. Esto quiere decir que debemos tomar el tiempo, no solo para pasar tiempo con ellos, si no también a dedicar tiempo para planificar que estos tiempos sean significativos y productivos. Si no eres intencional no vas a pasar tiempo significativo con tu familia y tu tiempo será consumido completamente por el ministerio. La realidad es que tu familia va a darse cuenta si ellos son la prioridad o no. Desde los más pequeños hasta tu esposa, ellos van a saber si sientes que son un obstáculo para tu ministerio o el apoyo fundamental y tu prioridad, lo que requiere de tu intencionalidad y esfuerzo.[5]

La necesidad de ser intencionales con nuestra familia es más urgente que nunca. Vivimos en un sociedad altamente distraída y ocupada con un montón de cosas. Desarrollar relaciones fuertes en estos días es desafiante, pero no imposible. La familia latina necesita aprender a hacer esto con gracia y bondad. Y aprender podemos porque Cristo seguirá cambiando nuestras prioridades para mejor reflejar Su corazón.

La Familia Latina y la Soltería

Nuestra iglesia en particular es compuesta principalmente por personas casadas con una minoría de personas solteras, lo cual es común en muchas iglesias. Si hay un área que el evangelio tiene que impactar es el área de la soltería dentro de la comunidad latina evangélica.

Ser soltero en la comunidad latina es difícil. ¿Por qué? Debido a que la comunidad latina valora la familia, la soltería es vista como un “problema” que resolver lo más pronto posible.

Uno pensaría que la iglesia latina evangélica fuera diferente en este asunto, pero este no es el caso. En casos extremos, el legalismo domina asuntos de relaciones y soltería; y en otros casos, los solteros (hombres y mujeres) no son apropiadamente ministrados, alentados, y empoderados para ser y hacer todo lo que Dios los ha llamado a ser y hacer. Hay hermanos que tienen buenas intenciones, pero hacerlo sentir a uno incompleto por estar solo no ayuda para nada.

No pretendo resolver este asunto peculiar, sino simplemente traerlo a la luz para que empecemos a conversar al respecto. Pero si puedo decir que, a la luz del evangelio, la soltería no es un problema que resolver. La soltería no es una maldición. La soltería es un don de Dios. La persona soltera no es una persona de segunda clase. La persona soltera no es menos humana por no tener un compañero/a especial. La persona soltera—al igual que la casada—tiene, en Cristo, una identidad única como hijo e hija de Dios, lo cual cambia todo, aun cuando la soltería permanece.

Foto: © 2017 Juan 1:16


Obras Citadas:

[1] Hispanic America: Faith, Values, and Priorities (Barna Group: Ventura, CA, 2012), 44. (Puede adquirir este libro en español aquí: https://barna-resources.myshopify.com/products/hispanos-americanos-pdf)

[2] Juan F. Martínez, Caminando Entre el Pueblo: Ministerio Latino en los Estados Unidos (Abingdon Press: Nashville, TN, 2008), 66. (Puede adquirir este libro aquí: http://a.co/fmRHo42)

[3] Martínez, Caminando Entre el Pueblo, 66.

[4] Raúl Zaldívar, Miguel Álvarez, y David E. Ramírez, El Rostro Hispano de Jesús: Una Visión Cultural, Pastoral y Social (Editorial Clie: Barcelona, 2014), 90. (Puede adquirir este libro aquí: http://a.co/0pSE6ML)

[5] José Mercado, “Tu Familia Es Prioridad,” publicado por Coalición Por El Evangelio el 10/21/14. https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/tu-familia-es-prioridad

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